Diana Sedano: Dos formas de decir la verdad

Hay algo poco cómodo —y profundamente magnético— en el trabajo de Diana Sedano, su negativa a suavizar. Sus personajes no buscan agradar, buscan sostener una verdad, incluso cuando esta incomoda o fractura.


Ese gesto se vuelve radical en su más reciente proyecto, King Lear de William Shakespeare, dirigido por Angélica Rogel, donde Sedano encarna tanto a Cordelia como al Bufón. No como opuestos, sino como dos mecanismos de una misma pulsión: decir lo que nadie quiere escuchar. Una desde el silencio irreductible; el otro, desde la ironía que desarma.


En paralelo, Juana, bajo la dirección de Daniel Giménez Cacho, la sitúa en otro territorio incómodo: el de una periodista que investiga feminicidios mientras su propia historia se filtra en cada decisión. Lo profesional deja de ser una máscara; se vuelve herida, motor, posicionamiento.


Lejos de construir una imagen, Sedano parece más interesada en desmontarla. Y es justamente ahí —en lo que no se adorna, en lo que no se resuelve— donde su trabajo encuentra potencia.


En esta conversación con Hoxa en Español, la actriz habla de dualidad, proceso y de esa línea casi invisible entre interpretar y exponerse.


Me interesa mucho el riesgo; lo vivo con nervio, pero también con mucha emoción"


Foto Yvonne Venegas Estilo Tino Portillo Maquillaje Marce Dorantes Pelo Vane Loarca


En el montaje de King Lear en el Centro Cultural Helénico, asumes el desafío de interpretar a dos personajes distintos: Cordelia y el Bufón. ¿Cómo trabajas la dualidad entre la honestidad pura de Cordelia y la voz crítica y humorística del Bufón en una misma producción?


Diana Sedano: Es un reto enorme actuar a Shakespeare, y la decisión de Angélica Rogel de que la misma actriz encarne al Bufón y a Cordelia me parece una apuesta muy estimulante. Me interesa mucho el riesgo; lo vivo con nervio, pero también con mucha emoción. Para construir esta dualidad, partí de lo que ambos personajes comparten: son los únicos que pueden decirle la verdad a Lear. Eso me dio una clave para entender por qué habitan en un mismo cuerpo. A partir de esa raíz común, empecé a explorar sus diferencias, que tienen que ver con la forma en que esa verdad se manifiesta.


En Cordelia, la verdad aparece desde el silencio y desde una ética que no se doblega. También hemos trabajado su incredulidad: al inicio, ella no concibe que la pregunta de Lear sea real; le parece absurda. Cuando entiende que va en serio, decide sostener lo que piensa y asumir las consecuencias de no entrar en ese juego de adulación. Después de que Lear la pierde, aparece el Bufón: un personaje que ya no tiene nada que perder y que puede seguir diciéndole la verdad, pero desde otro lugar. Lo hace a través del juego, de los enigmas, de frases que parecen ligeras o incluso sin sentido, pero que en realidad contienen una lucidez muy profunda. Más que dos personajes separados, para mí son dos formas distintas de decir la verdad y de acompañar a Lear.


En la película Juana, dirigida por Daniel Giménez Cacho, tu personaje es una periodista dedicada a visibilizar casos de feminicidio. ¿Cómo fue el proceso de construcción para dar vida a una mujer que equilibra una ética profesional rigurosa con la vulnerabilidad de lidiar con el dolor ajeno?


Diana: Fue un proceso muy rico y meticuloso, porque implicaba entender las distintas capas de Juana. Desde el inicio, Daniel Giménez Cacho organizó una serie de encuentros con periodistas, lo que me permitió acercarme a su realidad, conocer sus procesos y dimensionar lo que implica ejercer el periodismo independiente en este país. También me acerqué a sus publicaciones, lo cual fue fundamental para construir una base ética y profesional del personaje. Después vino un trabajo profundo de análisis de guion, donde me enfoqué en la dimensión más íntima de Juana: su relación con su madre, las pérdidas que ha atravesado y la huella del abuso. Era importante no perder de vista que esa historia personal está siempre latiendo, incluso cuando no se nombra. Una vez que tuve claras esas dos dimensiones —su vida profesional y su mundo privado—, el reto fue integrarlas. Entender que su compromiso con el periodismo, y en particular con los casos de feminicidio que decide investigar, no es ajeno a su historia, sino una forma de darle sentido, incluso de sanar. Ahí fue donde cobró cuerpo para mí la idea de que lo personal es político: Juana, a través de lo que hace, también está reescribiendo su historia.


Sobre tu actuación en Juana, se menciona que la investigación del personaje la lleva a un proceso íntimo de confrontación. Para ti, ¿cuál es la importancia de interpretar a mujeres que atraviesan transformaciones emocionales tan profundas y narrativamente potentes?


Diana: Para mí, interpretar a mujeres que atraviesan transformaciones emocionales profundas es fundamental porque permite complejizar las narrativas que habitamos. Tener la oportunidad de encarnar procesos internos complejos implica también disputar esas representaciones más convencionales. El proceso de sanación y confrontación al que invita Juana no es lineal ni evidente. Son transformaciones que suceden en lo íntimo, en zonas que a veces no tienen palabras, pero que se manifiestan en el cuerpo. Creo que ahí radica su potencia narrativa: en mostrar que el cambio no siempre es espectacular, sino que muchas veces es silencioso, contradictorio, y eso es humano. Como actriz, poder sostener esos procesos sin simplificarlos es también una forma de generar empatía y abrir preguntas en quien mira. Hay personajes que dejan resonancias en el cuerpo del espectador más que certezas; Juana es uno de esos personajes. Espero profundamente que, así como invitó a la reflexión a quienes formamos parte de su construcción, también lo haga ahora con las y los espectadores.


Foto Yvonne Venegas Estilo Tino Portillo Maquillaje Marce Dorantes Pelo Vane Loarca


Tu trayectoria incluye el paso por La Casa del Teatro y la Compañía Nacional de Teatro. ¿De qué manera esta base sólida en el teatro clásico e institucional moldeó a la artista polifacética que eres hoy en el cine y en la dirección?


Diana: Formarme en la Casa del Teatro fue, sin duda, una de las decisiones más importantes de mi vida. No solo por las herramientas que recibí —que sigo revisitando y poniendo a prueba hasta hoy—, sino por algo más difícil de nombrar: una mística de trabajo, una manera de entender el oficio desde la paciencia, el rigor y la escucha. En un mundo donde todo parece exigir inmediatez, haberme formado ahí es algo que atesoro profundamente. Han pasado veinte años desde que egresé, y volver ahora como maestra es profundamente conmovedor. Estar frente a jóvenes tan llenos de talento, de preguntas y de compromiso me confronta y me regresa, una y otra vez, a lo esencial. Me recuerda por qué elegí este camino. Hay algo muy vivo en ese espacio, algo que sigue latiendo. Ver que la Casa del Teatro continúa siendo un terreno fértil, donde nuevas generaciones se forman con profundidad y entrega, no solo me emociona: me da esperanza. Hoy estoy ensayando Lear en ese mismo espacio, junto a Luis de Tavira como Lear, quien fue director de la escuela cuando yo estudiaba y también de la Compañía Nacional durante mi paso por ella. Se abre la posibilidad de un cruce de tiempos: el teatro me devuelve a un origen, a una raíz. Y en ese regreso, se reafirma algo que Luis siempre decía cuando nos daba clase: el teatro te escoge.


Estar frente a jóvenes tan llenos de talento, de preguntas y de compromiso me confronta y me regresa, una y otra vez, a lo esencial. Me recuerda por qué elegí este camino. Hay algo muy vivo en ese espacio, algo que sigue latiendo"


Transitas entre el escenario, la dirección y las pantallas con mucha fluidez. ¿En cuál de estos espacios sientes que tu esencia como artista se manifiesta con mayor fuerza, o crees que esa “multiplicidad” es lo que define quién es Diana hoy?


Diana: Yo creo que esa multiplicidad me define. Mi pasión está en la actuación, y a partir de querer enriquecerme como actriz fue que empecé a dirigir y a dar clases. Para mí, es una extensión de mi ser actriz.


En tus proyectos visuales y editoriales, se nota una valoración de la belleza auténtica y las texturas naturales. ¿Cómo ves la relación entre la preservación de esas “imperfecciones” reales y la construcción de la verdad en tus personajes?


Diana: La verdad, estoy lejos de vivirme o sentirme un referente. Disfruto el contacto y compartir lo que pienso sobre la actuación y el teatro con nuevas generaciones, porque creo que ellas y ellos me enseñan mucho. Si algo me gustaría sembrar en este intercambio es confianza en su ser creativo: estimularlos, aportar a que puedan encontrar su voz, que estén en contacto con su mundo interno y que tengan el valor de expresarlo.


Disfruto el contacto y compartir lo que pienso sobre la actuación y el teatro con nuevas generaciones, porque creo que ellas y ellos me enseñan mucho"


Foto Yvonne Venegas Estilo Tino Portillo Maquillaje Marce Dorantes Pelo Vane Loarca


Con la temporada de King Lear presentándose de mayo a junio, ¿cuáles son tus expectativas para el diálogo con el público a través de esta tragedia de Shakespeare y qué podemos esperar de Diana Sedano para el resto de 2026?


Diana: Trato de no trabajar desde la expectativa. Lear es una obra hermosa, profundamente divertida y dolorosa a la vez. Habla del poder y de la adulación, pero también del amor, la lealtad y la pérdida. Y hay algo que me toca especialmente: esa dimensión tan humana y tan dura de ver envejecer a nuestros padres. Creo que, como todo gran clásico, sigue vigente porque no deja de hacernos preguntas esenciales, de esas que no se agotan nunca. En el teatro, una siempre espera que el público conecte, que se deje atravesar por la obra y por los personajes; que nos acompañe en este viaje épico que es Rey Lear. Ojalá que algo de ese recorrido permanezca, que se quede resonando en cada espectador y lo acompañe en sus propias reflexiones sobre ese misterio que es la vida.



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